A veces, lo que más nos une empieza en las cosas de todos los días.

En nuestra casa, mamá siempre estaba haciendo algo con las manos. Tejía, cosía, nos ayudaba con los trabajitos del jardín. Nosotras la veíamos elegir, probar, desarmar y volver a empezar. Entonces era parte de lo cotidiano, de esas cosas que una naturaliza.

Con los años empezamos a reconocer cuánto tenemos de ella: el gusto por crear, la atención a lo pequeño, las ganas de hacer algo propio.

Crecimos y cada una encontró su manera. Mi hermana Mica tiene un ojo especial para esos detalles que las demás no vemos. Nos ayuda a ordenar las ideas y a bajarlas a tierra. Yo, Caro, estoy siempre imaginando otras posibilidades, mezclando y probando. Y mamá sigue compartiendo lo que sabe y animándose a aprender con nosotras.

Así fue tomando forma Lino Jaz.

Hoy, detrás de cada cosa que hacemos, estamos las tres. Los detalles nacen de una idea, de una charla, de un «mirá, ¿qué te parece así?». A veces estamos de acuerdo enseguida. Otras, probamos un poquito más…

También nos acompañan papá, Seba, siempre pendiente de que tengamos todas las herramientas y la confianza; y Benja, mi pareja, que me da la seguridad para emprender y animarme a dar un paso más.

Trabajar en familia nos permitió conocernos de nuevo. Descubrir lo que cada una puede aportar, aprender a pedir ayuda y compartir tanto la alegría cuando algo sale como queríamos como la frustración cuando cuesta un poquito más.

Quizás eso sea lo que más nos emociona de lo artesanal: mientras nuestras manos hacen, también pasa la vida. Conversamos, compartimos preocupaciones y nos reímos de alguna pavada.

Y un día cualquiera, en medio de todo eso, miro a mi familia, mi lugar seguro, y pienso en lo lindo que es compartir este proyecto.

Lino Jaz es una parte de nuestra vida que estamos haciendo entre las tres. Qué lindo que estén acá para conocerla.